lunes, junio 19, 2006

2:49 AM

Todo comienza sin querer.
Mi artrosis dactilar es evidente, hace tiempo que no me siento a esto.
Hace tiempo, ya se sentía.
Comienza un hormigueo a recorrerme la piel, el tic tac luce menos rítmico, pero más encantador.
Dicen que cuesta empezar. La vez que inaugura la serie.
Retomar es algo más arduo, retomar oxidado el camino de arena resulta utópico.
Vamos bien.
Aún adormecidos, mis músculos esperan la señal. Esa banderita que flamee como en otros tiempos pasados y me ordene: chambón despertarte, no seas otario.
Para nosotros hoy es más difícil, como seguir a la pequeña Alicia y zambullirse en agujeros marca Acme.
Aquí dentro es oscuro. La depresión del terreno se torna muy vertiginosa para cualquier forastero. Y hoy, le dan la llave de la ciudad a cualquier monigote.
Seguimos la carrera. Entramos en calor y la primera gota de sudor genuina se lanza al interior, apresurada esquiva dos controles de aduana paralela, dos azules u tres piqueteros inoportunos protestando por quien sabe qué. Observa, aguarda y fluye.
La tinta intenta protegerse, pero pronto comienza la carnicería caligráfica. Todo se desdibuja, desdice y transforma. Muta, crea y multiplica.
El tiempo nos ha reunido.
Nuevamente un impulso eléctrico me hace pestañar. Mis salitrosas lágrimas brotan, insensatas, ansiosas durmieron para esperar su papel protagónico.
Malditos sentimientos humanos.
Debería implantarme algún microchip, algún censor anti-spam-emotivo-Pentium 1.0.
Debería, también, patentarlo.
Nosotros siempre nos suplimos y hoy yo no soy más que un lugar. Un espacio encantador encandilado por el brillo de mi Osram 100w, capaz de broncear a un vampiro albino.
Miro la hora.
Se hizo tarde para volver, mejor sería colgar y seguir mañana. Al fin y al cabo, si no existe más que un todo tendré que cambiar de esfera.
2:49 am
Juan Manuel Bruñol (Autobiografía)

domingo, junio 18, 2006

Hablemos de mí

Hablemos de mí. De mi infatigable búsqueda por lo que no tengo; de la pesadez que sostiene mi espalda por aquello que no soy, ni seré jamás; del obstinado empeño que insiste en que yo quiera todo eso que quiero.

Mejor hablemos de la fantasía. De cómo mi cabeza se hunde todas las noches en una almohada embebida de rosado ensueño, esperando despertar ilesa de aquella fatal irrealidad.

Y la terca neurosis que pasa, inexorable, dos veces por el mismo lugar, en una eterna discordia entre la letanía del rito obsesivo y las apresuradas agujas del redondo reloj amarillo.

Hablemos del ojo izquierdo que, por un descuido de seis años, ha comenzado a discernir seis siluetas menos.

La racionalidad, inagotable, despliega un prolijo orden que se vuelve horrible y exagerado cuando a mi alrededor transcurre el habitual caos de una vida que se mueve mucho.

Y ese eterno miedo mío, reprime docenas de deseos que prefieren esconderse detrás de la pulcritud, para evitar que alguien se burle de su osadía.

Por suerte, un poco de aire fresco sopla sobre mi frente y desmigaja la pesadumbre que, a las tres de la madrugada, se convierte en la figura de un insípido fantasma. Una sombra que en alguna mañana de cielo azul, se hará carne y huesos.

María Carla Mazzitelli (Texto libre)

Hombres

Dos cuerpos en pugna, poca luz y una vereda rota y resbaladiza.
Causas desconocidas y consecuencias imaginables...

Un sonido agudo y chirriante, una voz desde el dolor y un pedido de clemencia.
Llanto agónico al ritmo de cada intempestuosa trompada.
Sangre espesa sobre las piernas de ella y los puños de él.
La boca roja...y entreabierta por la falta de energías.
Una mirada animal, de furia e incomprensión...sobre una mirada perdida y llena de lágrimas...
El alma herida y la carne abierta. Sin posibilidades de reconstrucción.

Sobre ellos, un balcón húmedo e igualmente poco iluminado.
Detrás de la baranda oxidada, cinco testigos aburridos e interiormente inquietos.
Comentarios e hipótesis de todo tipo.
Contemplación...
Pasiva contemplación...

Dos caras aberrantes de una misma violencia.
Una activa y otra pasiva.
Un límite que aparenta abismal, y es apenas una delgada línea.
La línea que nos une como hombres......
o nos aleja eternamente como individuos...

Anabel Buccino (Descripción dinámica)